Los animales que cultivan sus propios alimentos


Para los humanos, la agricultura cambió todo.

La domesticación de plantas y animales que se originó hace cerca de 10.000 años significó que la gente, por primera vez, tuvo la oportunidad de acumular alimentos.

Esto los liberó de la necesidad de pensar constantemente en la subsistencia.

El estilo de vida de los cazadores recolectores dejó paso al sedentarismo. Los poblados se convirtieron en ciudades y las ciudades dieron origen a las civilizaciones.

Pero nosotros no somos los únicos animales que plantamos nuestra propia comida: las hormigas y los escarabajos comenzaron a cultivar hongos 50 millones de años antes que los humanos.

Mientras los humanos se diversifican en sus cultivos, los animales suelen concentrarse en un uno.

Y así como nosotros “inventamos” la agricultura en distintas partes del mundo, varias especies no humanas desarrollaron relaciones similares a las que plantea la agricultura con organismos que encontraron a su paso.

Algunos cultivan plantas, otros crían animales. En todo caso, todas estas relaciones son ejemplos de una forma rara de simbiosis conocida como mutualismo, una interacción biológica entre individuos de diferentes especies en donde ambos se benefician y mejoran su aptitud biológica.

Aunque estas relaciones se parecen a la agricultura humana, es importante no antropomorfizar en exceso ya que esta analogía tiene sus limitaciones.

Los humanos implementan programas selectivos en los cultivos para multiplicar el rendimiento de la cosecha o para mejorar la calidad del ganado, algo que los animales no hacen.

Nosotros también cultivamos diversas plantas, mientras que los animales se especializan por lo general en una. No obstante, las similitudes y los paralelismos son muchos.

A continuación, te presentamos algunos ejemplos.

El pez que cultiva algas

El pez Damisela es uno de los más abundantes en los arrecifes de coral del mundo. Algunas especies se alimentan de pequeños crustáceos, pero muchas otras mantienen jardines en los arrecifes para cultivar algas.

“Eliminan las plantas que no quieren mordiendo trozos y escupiéndolos fuera del territorio”, explica Jordan Casey, investigador de la Universidad James Cook en Queensland, Australia.

El tipo de alga que prefieren varía según la especie y el lugar.

En las islas Okinawa, en la costa de Japón, en el Mar Rojo y en la Gran Barrera de Coral, una especie cultiva un alga roja que le resulta fácil de digerir.

La relación funciona para ambas especies: el pez damisela obtiene en cantidades constantes el alimento que necesita y el alga evita la competencia.

El cangrejo bailarín

El ecologista Andrew Thurber, de la Universidad Estatal de Oregón, en Estados Unidos, descubrió en 2006 una nueva especie de cangrejo yeti en el fondo oceánico frente a las costas de Costa Rica (al que llamó K. puravida), que vive de una bacteria en sus tenazas.

Estas bacterias las cultiva agitando el metano y el sulfuro liberado del fondo del mar.

Los cangrejos yeti son parte de una comunidad en las profundidades oceánicas que consume metano. Gracias a este mecanismo se evita que este gas se escape hacia la atmósfera.

Las hormigas que domestican hongos

En el este de América del Norte, las termitas y más de 200 especies de hormigas Atino cultivan hongos para comer.

Pero las más avanzadas son las hormigas cortadoras de hojas. Más de 40 especies diferentes viven en América del Sur y Central y en el sur de EE.UU.

Forman una de las sociedades más complejas del planeta. Algunas colonias cuentan con más de 8 millones de hormigas.

Para sostener estas gigantescas poblaciones, las hormigas podadoras perfeccionaron los métodos para cultivar hongos desarrollados por sus ancestros.

Algunas colonias de hormigas cortadoras de hojas pueden tener hasta 8 millones de individuos.

Marchan como un ejército para cortar y recoger hojas verdes frescas. Las transforman en una pasta con la boca que luego fertilizan con sus excrementos y colocan en un jardín.

El hongo Leucogaricus gonglypherus y otras bacterias descomponen las hojas.

El hongo produce una suerte de fruta repleta de nutrientes que ingieren las hormigas.

En algunos casos, las hormigas llevan bacterias simbióticas en sus cuerpos que producen antibióticos.

Las hormigas frotan estos antibióticos sobre los hongos y así los protegen de los parásitos.

Animales que crían ganado

Típica de Europa y algunas regiones de América del Norte, la hormiga Lasius niger se ocupa de cuidar a ciertas especies de áfido.

Estos pequeños insectos verdes se alimentan de la savia de las plantas y eliminan un líquido azucarado por el ano llamado ligamaza.

La hormiga bebe este líquido y les ofrece a cambio protección contra los depredadores, y llevarlas a zonas donde hay más hojas frescas.

Con frecuencia las hormigas les rompen sus alas para evitar que se escapen.

En ocasiones si tienen hambre o cuando necesitan reducir su ganado, las hormigas se comen a los áfidos.

Una nueva investigación concluyó que las hormigas Melissotarsus de África y Madagascar son probablemente los únicos animales -además de los seres humanos- que mantienen un rebaño no por su ligamaza sino por su carne.

Estas hormigas de 3 milímetros de largo hacen su nido bajo árboles de corcho.

Allí mantienen encerrados a unos insectos conocidos como diaspididae. Este insecto produce un caparazón ceroso para proteger su cuerpo blando.

Son incapaces de producir ligamaza, explica el investigador Scott Schneider de la Universidad de Massachusetts, en EE.UU., por eso no resulta claro que ganan las hormigas con criar este rebaño.

En el caso de la Melissotarsus emeryi, una especie de hormiga de Sudáfrica, los diaspididae que crían ni siquiera producen una cubierta cerosa.

La única explicación posible para mantener este rebaño es que esos insectos son un alimento en sí, dice Schneider.

FUENTE: BBC

Aunque estas relaciones se parecen a la agricultura humana, es importante no antropomorfizar en exceso ya que esta analogía tiene sus limitaciones.

Aunque estas relaciones se parecen a la agricultura humana, es importante no antropomorfizar en exceso ya que esta analogía tiene sus limitaciones.

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